Informe de Batalla: La Calzada de los Gigantes (I)

El pasado Sábado pudimos disfrutar de una partida muy interesante que anunciamos en el blog el día 2 de Mayo, La Calzada de los Gigantes, donde la infantería de una pequeña ciudad del este de Middenheim, Schoppendon, se defendía del ataque de un ejército compuesto de 15 gigantes, donde cada uno de ellos rendía culto a distintos dioses. La partida fue espectacular y muy entretenida, habiendo un montón de jugadores in situ, en e-Minis La Línea.

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Continuación del relato de la anterior entrada del blog de la ‘Calzada de los Gigantes’:

Nuestras tropas fueron las primeras en comenzar a tomar posiciones para intentar alejar a los gigantes de la entrada de la ciudad, lanzándose contra el enemigo con más Fe en Sigmar que en la seguridad de poder repeler el ataque. En nuestra posición, situada en un bosque al Oeste, podíamos ver a los gigantes como avanzaban sin vacilación hacía nuestros hermanos, gritando y vociferando con sus ojos rebosantes de ira y odio.

Comenzamos a descargar nuestros arcos contra estos colosos sin piedad, pero sin darnos prácticamente cuenta, desde unos de nuestros flancos, aparecía uno de estos gigantes que rendían culto al Dios del Caos Tzeenth, sorprendiendo a los Halflings que tan impetuosamente fueron los primeros en entrar en batalla… no hubo mucho tiempo para reaccionar. Pero estos medianos, aunque no lo parezca, se ve que están hechos de otra pasta, y aguantaron el envite del coloso.

Desde nuestra posición podíamos ver todo el campo de batalla y cómo la legión de gigantes avanzaban por los prados en abanico, escuchando a nuestro Archielector cómo lanzaba plegarias a Sigmar, cómo esos rezos inundaban el aire y combatían a la par con los atronadores pasos y gritos de los titánicos monstruos… pero con escaso resultado.

Aunque muy poco duró esa temporal ausencia divina de Sigmar… ¡¡¡Se Acerca La Reiksguard por el Oeste!!! Mientras tomábamos posiciones en las copas más altas de los bosque para seguir lanzando una lluvia de flechas a uno de los gigantes, los cascos de los caballos resonaban junto a nosotros, pasando por nuestro lado y entrando al campo de batalla con sus relucientes armaduras y su destreza marcial.

reiksguard

Mientras, en medio del campo de batalla, un rayo de luz ilumina al Archielector justo después de invocar la ayuda divina con cánticos espirituales que hacieron enloquecer a la horda de Flagelantes – ¡Sigmar está con nosotros! – gritaban con los ojos desencajados lanzándose brutalmente contra uno de los gigantes que sufrió la cólera de estos enajenados religiosos por nuestro flanco derecho; al gigante sólo le dio tiempo a expulsar un profundo grito gutural taponado por los caños de sangre que expulsaba su boca… uno menos. Pero los Flagelantes no pararon en su carga aunque perdieran un hermano con la caída de lo que era antaño un devorador de hombres y se lanzaron sin piedad encima de otro de los gigantes, quedando los colosos sorprendidos por la locura infame de estos humanos sin alma.

Pero ya no existían muchos movimientos tácticos por parte de ambos bandos, empiezan las cargas y combate por doquier, la vista sólo alcanzaba a ver los primeros cadáveres ensangrentados y el oído… en el mismísimo infierno se podían escuchar los gritos desgarradores, las plegarias de nuestro Archielector, y los bramidos de los gigantes… una carnicería que no me dejó dormir durante muchas lunas, se me quedó en la mente clavado como una flecha se clava en el pecho de un venado.

Los gigantes se recuperaron del impacto causado por los fervorosos Flagelantes… mala suerte para ellos, a veces la ira y la Fe en Sigmar no ayudan mucho, ya que se vieron sorprendidos por nada menos que cinco gigantes, ansiosos por la venganza de su compañero caído. Los gigantes empiezan a destrozar la horda de servidores de Sigmar, el Profeta del Apocalipsis se lanzó contra un gigante tocado por la marca de Slaanesh, pero éste lo agarró y lo lanzó contra la unidad como si se tratase de una muñeca de trapo del bazar de Praag. Los Flagelantes, en un estado de trance demencial, no echaban cuentas de las bajas que estaban sufriendo, consiguiendo infligir numerosas heridas a dos de los gigantes que los envolvían en la lluvia de golpes, aumentando su estado de ánimo a niveles increíbles.

Pero todo no estaba dicho en el combate, ni mucho menos, ya que desde la segunda fila se abría camino un gigantesco ser conocido en nuestro Viejo Mundo como el Quebrantahuesos, que empujaba y achuchaba a los demás gigantes para hacerse un hueco en la carnicería. El Líder de la manada de estos colosos lanzó un vómito corrosivo contra los desdichados Flagelantes causando cuantiosas bajas. Sus gritos de dolor inquietaron a las tropas colindantes, sus pieles empezaban a descomponerse como la sal en un caldero de sopa y un olor nauseabundo inundó el campo de batalla… ¡hasta el mismísimo Teclis puede que lo oliera desde Ulthuan!

Parecía que todo estaba acabado para los desdichados Flagelantes, que entre sacrificios para obtener el favor del Dios Supremo, ponían alguno fin a sus enajenadas vidas por el bien de la unidad – ¡Arrepntíos! – gritaban justo antes de su muerte. Muchas bajas… demasiadas bajas.

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Nosotros, mientras tanto, íbamos hiriendo a los gigantes que se ponían al alcance de nuestros arcos, mirando de reojo la masacre que realizaba el gigante con los amigos medianos. Por suerte, la entrada de los Caballeros de la Reiksguard, espantó al gigante que corrió a cubierto entre la densa vegetación del bosque. De este modo, pudimos centrarnos más en apoyar con nuestra puntería a los gigantes que ocupaban nuestro flanco, el izquierdo al Oeste del campo de batalla.

En la zona central de la batalla,  el frontal de lanceros que aguardaban junto a la atalaya, intentaba frenar el avance de dos inmensos colosos que se lanzaron contra bosque de lanzas de los soldados imperiales, para intentar romper el centro de la formación de batalla que habían planteado el alcalde de Schoppendon y el Archielector horas antes. Pero los lanceros, sin poder ser apoyados por las plegarias y favores divinos, aguantaban ferozmente los garrotazos de los gigantes liderados por el Capitán de la guarnición de la ciudad. Los lanceros pudieron recomponer la vanguardia después de la primera embestida, y los gigantes empezaron poco a poco a verse superados; sus lanzas comienzaban a atravesar la dura piel curtida de los colosos, infligiendo graves heridas que derraman sangre a raudales pero… los gigantes que anteriormente destrozaron a los Flagelantes desplegados en el flanco derecho, cargaron en tropel por el flanco de la unidad de lanceros, rompiendo la formación de los lanceros inexorablemente. Mientras los lanceros pudieron acabar con la vida de otro gigante, los demás monstruos golpeaban, agarraban y desmembraban a los infantes sin piedad. Y aún quedaba lo peor, el Quebrantahuesos regurgitaba otro río de vómito ácido que literalmente diluía a la mayoría de los valientes combatientes que quedaban en pie, retorciéndose entre terribles sufrimientos… ¡Por Sigmar, por Baal, por Ulric, cómo olían los jugos gástricos que emanaba de las fauces de la bestia inmunda!

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Las tropas imperiales del flanco izquierdo se preparaban raudas para avanzar y acudir en apoyo del flanco del Este, que el cual se encontraba ya prácticamente derrotado. Pero cuando la caballería se disponía a galopar en ayuda de los pocos lanceros que aguantaban en el combate, un gigante apareció desde la maleza del bosque, teniendo los caballeros que verse obligados a hacer un movimiento de retirada táctica. La mala suerte giró hacia nosotros, ya que el gigante que se movía entre el bosque, nos descubrió en la copa de los árboles. Pero no íbamos a vender la piel tan fácilmente, desde las ramas lanzamos una emboscada y empezamos a asestarle golpes críticos y certeros gracias a poder mantener la sangre fría en aquellos momentos. Sus gritos destrozaban los tímpanos.

Estuve más de cinco lunas sin poder oír ni el rugir de los osos de las estepas por temor. Eso sí, nos cobramos su vida con creces antes de continuar en la batalla…(continuará).


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