Purificar al angel caído: escenario de Warhammer 40k

Hace relativamente poco tiempo que vió la luz la 6ª edición del wargame Warhammer 40k, de Games Workshop,con los Ángeles Oscuros y los Marines del Caos como portagonistas, y por eso queremos ofreceros un trasfondo con escenario de estas dos facciones para celebrar este lanzamiento. Al final de la historia asociada encontraréis el escenario descargable en pdf totalmente gratuito, donde los Angeles Oscuros dan caza a un antiguo hermano, ahora… un No Perdonado en las filas del Caos.

Crux_Terminatus_GW

TRASFONDO

Terminus Est. Sobre la órbita del planeta Burnal Secundus.
Darko estaba sentado en su habitáculo, en algún recóndito lugar de la nave insignia de la Guardia de la Muerte, la que un día perteneciera al mismísimo Mortarion, la Terminus Est. Las corruptas paredes que parecían estar vivas estaban plagadas de pústulas por las que circulaban tristes procesiones de larvas venenosas y emanaban un vapor tóxico al que no sobreviviría sin su casco, pues no era un hijo de Barbarus como sus…camaradas.

No, Darko no era uno de ellos, al menos no en su origen. Él era hijo de Caliban, un día fue un Ángel Oscuro. Había luchado en la Gran Cruzada contra los enemigos del Emperador, las distintas razas de Xenos, hasta que un día sus hermanos permitieron que aquel héroe al que servían se convirtiera en algo con lo que siempre habían combatido, las falsas deidades. ¿Cómo pudieron llegar a eso? ¿Cómo sus Hermanos estuvieron tan ciegos? ¿Por qué el Emperador les dio la espalda? Cuando escapó de Caliban junto a otros muchos que fueron tildados como él de traidores vagó solo por la Galaxia, huyendo de sus perseguidores, los cuales, como una manada de lobos juraron darle caza. La fortuna o la desgracia le hicieron ser acogido por los que ahora se habían convertido en sus amigos, Typhus y la guardia de la muerte, de aquello ya hace tantos años…

Miró el emblema del Señor de la Podredumbre en su hombrera, que debido a las mutaciones caprichosas de su nuevo Señor se había convertido en parte de su cuerpo de Astartes, al igual que el resto de su servoarmadura. El tiempo y sus villanías en el campo de batalla le habían concedido el rango de Elegido del Caos con todos los “regalos” y los honores que ello suponía. Ya apenas sentía los corazones latiendo en su pecho, su respiración era un lúgubre siseo maloliente y su visión, aunque clara, la percibía tras un velo sepia verdoso.

Sus ojos dejaron de mirar el símbolo de su Señor y ahora se posaban en un grupo de insectos que se deslizaban tras la oxidada puerta de su habitáculo. Alguien se aproximaba. Comenzaron a escucharse pasos que resonaban metálicos, cada vez más cercanos, hasta que se detuvieron en el umbral y un fuerte golpe abrió la puerta.

Ante Darko se encontraba Trigucio, Paladín Elegido de la segunda compañía de la Guardia de la Muerte, alguien que en su día le advirtió que no le quitaría la vista de encima. Aquel Astartes, que le aventajaba en muchos sentidos, nunca confió en él. Era gracioso, un Traidor redomado que en su día eligió seguir a su Primarca Mortarion sin hacer preguntas, desconfiaba de alguien que abandonó su Legión por ser libre pensador. Darko se levantó para saludar a la visita non grata sin quitar el ojo de su Hacha de Energía, reposada en un lado de su habitáculo, contra la pared.

-Saludos Paladín Elegido Trigucio, ¿a qué debo el honor de tu visita?- Su voz sonaba con un doble eco fantasmagórico debido a la austeridad de su aposento y a su propio casco.

-Déjate de formalidades maldita alimaña…Typhus quiere verte…-

– ¿Para qué?- Dijo. Darko se puso nervioso, hacía más de dos años que el Señor de la Guardia de la Muerte no se dirigía a él personalmente, y siempre que lo había hecho con anterioridad no fue nada grato para él.

-Vamos…tengo orden de asegurarme de que no te pierdes por el camino…-

-Bien…-

Los corroídos pasillos de metal putrefacto eran el hogar de toda una fauna mutante y maloliente. El suelo era pegajoso pero nada que dificultara el paso ligero de dos Astartes como aquellos que rompían el silencio de aquellas mortecinas galerías…

Mientras tanto en la sala de la Muerte, receptáculo de Typhus, El Portador del Enjambre Destructor…esperaba. Typhus se miraba en un sucio espejo que supuraba pus y otros líquidos, toda la nave que comandaba lo hacía. Ya no recordaba como era Él, solo podía recordar las interminables matanzas que había llevado a los numerosos planetas que había conquistado en nombre de Nurgle…pero ya no recordaba como era Él. Sólo veía dos mortecinas luces detrás de las retículas de su casco de Exterminador, como si de dos llamas fantasmales se tratasen.

Imagen de Marines del Caos

Imagen de Marines del Caos

Frustrado en sus pensamientos cargó su puño y lo descargó sobre el corrupto cristal que lo reflejaba como una cascada de bilis. Entonces se acercó a los bastos ventanales para alejar aquellos pensamientos y centrarse en lo que mejor sabía hacer…la guerra. Abajo, ante él, su nueva conquista: Burnal Secundus, un yermo planeta sin ningún interés estratégico. Sólo la búsqueda del favor de su Señor.

La única dificultad aparente eran los Hijos de Lion, los cuales llevaban un tiempo siguiéndoles la pista. Parece ser que al fin y al cabo Darko iba a traerle problemas. Como si sus pensamientos manejaran la realidad, la visión de disformidad que poseía le mostró las fragatas allá en la lejanía, acercándose.

Un golpeteo en la puerta rompió el silencio, Typhus se irguió y de su espalda broto una nube de moscas y otros insectos que se introdujeron en los mecanismos de la oxidada puerta y la abrieron. En el umbral se encontraban Trigucio y aquel cuyo nombre maldecía sólo segundos antes, Darko.

-Lárgate Trigucio…- Dijo Typhus con voz profunda y distorsionada.

El Paladín Elegido golpeó su hombrera y se retiró. La puerta se cerro tras de sí y la nube de moscas salió de entre las rendijas, rodearon por un momento a Darko y volvieron a la armadura de Typhus.

Darko sentía miedo, en muchas ocasiones se arrepintió de entrar al servicio de esa nave, Typhus estaba ahí, de pie, hinchado por los favores y poderes que Nurgle le había otorgado, podía matarlo con sólo un pensamiento, pues donde antaño hubo un magnifico exterminador, ahora además había un psíquico sádico y terrible.

-… ¿Quería verme mi Señor?- Su voz salió como un silbido tembloroso, y sabía perfectamente que Typhus se había dado cuenta de ello.

-Acércate Elegido…-

Darko dudó por un segundo, pero obedeció. Pero en es momento Typhus lo cogió del cuello y con la otra mano le cogió del casco por la parte de la nuca y lo levantó. Con una velocidad pasmosa estrelló su cráneo sin soltarlo contra el ventanal de cristal reforzado agrietándolo, lo que hizo que el escudo de seguridad de puro acero se cerrara para evitar una desgracia.

Typhus que no soltaba a su presa se lo llevo a la altura de los ojos y le susurró a la altura de los oídos. -¿…los has  visto…? ¿…no?-

Typhus repitió la maniobra con otros tres ventanales a una velocidad sobrenatural rompiéndolos y activando de nuevo los sistemas de seguridad, y al llegar al quinto y último cristal lo paró a tan solo unos milímetros de su destrozado casco que ya mostraba partes de la podrida cara del antaño Ángel Oscuro.

Darko abrió los ojos, totalmente dolorido y mareado después de aquello.  Al principio solo vio el próximo planeta a esclavizar, pero de repente unas luces comenzaron a emerger desde la negrura del espacio. Entonces lo comprendió todo.

-…son…es… un ejército…mi Señor…-

-… ¡Bien! A ver si puedes apuntar un poco más Darko…-

-…son…Ángeles Oscuros…mi Señor Typhus…-

Typhus rió, y su risa era un tenebroso silbido que salía distorsionado por el eco de su yelmo. Lo volvió a alzar hasta la altura de sus ojos, con su enorme cuerno a tan solo unas micras de la frente abierta de Darko.

-…no me digas…Darko… ¿y vienen a por ti…Ángel Caído?- y dicho esto lo estrelló contra la puerta por la que había venido -Será mejor que te encomiendes a Nurgle, Darko…rézale. Rézale para que te maten, o para que me maten a mi…porque como después de la batalla los dos sigamos vivos…por Mortarion que ni en tus más locas pesadillas habrás imaginado tortura semejante…-

Y Darko sabía que decía la verdad…

Mientras en la fragata de combate Orgullo de los Leones.

El Bibliotecario Turmiel miraba desde el puente de mando y sintió la mirada de Typhus en su mente, la persecución de hacía meses había terminado. Su rostro se volvió casi de piedra, el frio cristal lo reflejaba, con su capucha tapándole parcialmente los ojos. Su armadura de color azul, propia de su rango y sus habilidades psíquicas estaba fría como el hielo.

-Hermano Turmiel…-

El Bibliotecario se dio la vuelta para responder a la llamada de su Hermano, el Capellán Interrogador Seraphicus. Su armadura artesanal era de color negro con grandes y bellas ornamentaciones en su pecho y extremidades. Su yelmo, sostenido por el guantelete de su dueño, se asemejaba más a un cráneo que a un casco normal y mostraba distintas inscripciones, oraciones que alababan al Emperador de la Humanidad.

-Hermano Capellán Seraphicus.-

El Capellán se dirigió al Astartes que guardaba la puerta del puente de mando y a todos los que estaban en la sala.

-Dejadnos, hermanos. Y preparaos para la inminente batalla.

Imagen de Angeles Oscuros

Imagen de Angeles Oscuros

Uno a uno, todos los Ángeles Oscuros de la sala se fueron, dejando solos a los dos altos mandos. Cuando la puerta se cerró, Turmiel y Seraphicus se miraron y el capellán rompió el silencio.

-¿Está con ellos, Turmiel?-

-Nunca es seguro Hermano, la Disformidad lo nubla todo. Pero juro por la Luz del Emperador que nunca había estado tan convencido de ello.-

-Bien…según nuestros informadores en los planetas liberados ahora puede hacerse llamar Darko. Estaremos atentos.-

Turmiel bajó la cabeza.

-¿Hay algún problema Hermano?-

-Es la Terminus Est, Seraphicus. El traidor Typhus va a bordo. ¿Cuál es nuestra prioridad?

-¿Te atreves a preguntarlo Turmiel? ¡Sabes bien la prioridad máxima de los No Perdonados, de los Ángeles Oscuros!- Seraphicus se alteraba por momentos, no daba crédito a lo que habían escuchado sus oídos.

-Lo sé Hermano, sólo lo he preguntado porque esa maldita bestia ya esclavizaba los planetas de la humanidad cuando aún ni siquiera habíamos nacido para marchar por Caliban.-

-Nada es más prioritario que purificar al Ángel Caído Hermano Turmiel…espero no tener que repetírtelo.-

-No…Hermano, te pido perdón y aceptaré mi castigo si así lo crees oportuno.-

Seraphicus suspiró apesadumbrado. –No Turmiel, no es necesario. Pero la duda fue aquello que hizo que los Caídos abandonaran la sombra del Emperador Inmortal. No debemos permitírnosla. Somos los Ángeles Oscuros…y el perdón por nuestra debilidad estará más cerca tras esta batalla.-

Turmiel levantó la vista y miró a su guía espiritual.

-Que así sea Hermano…que así sea.

Escrito por Jose Javier Díaz Casares “Gotiko”

ESCENARIO

Pinchando en el siguiente enlace podrás descargar el escenario para Warhammer 40k, Purificar el Angel Caído, totalmente gratuito.

Escenario Warhammer 40k Purificar al angel caido


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